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19 dic 2016

La Chipita y la gente linda

Hace poco más de un mes volvimos de EEUU con el Oski. Fue un viaje precioso, entretenido, estuvimos en la playa, en Disney, con amigos antiguos y generosos, con personas tristes y felices, compramos, comimos, vimos las elecciones con dolor de guata hasta las 3 de la mañana, anduvimos por carreteras desiertas planeando qué hacer si se nos aparecía una persona en la mitad de la noche en la mitad de la calle (atropellarla y huir era mi plan, yo creo que Óscar le quería clavar un cuchillo en el cerebro, pero nunca me enteré).
Yo cumplí mi sueño de ir a Whole Foods, él de manejar un Mustang. Nos quemamos poco, vitrineamos mucho. Nos hicimos reír mutuamente. Una de mis partes favoritas fue la de jugar a "Y ahora qué está haciendo la Chipi?". En el auto, todos los días, yo hacía la pregunta y Oscar respondía. "La Tufa se acaba de despertar, se está estirando y ahora va a seguir durmiendo", "Mmm, yo creo que Mario Yepes (uno de sus sobrenombres) está enojada porque vino José Gaturro (vecino non grato) a robarle su comida y ahora le hace ambuuuu-jjjjjjj", "La Pipa Estévez debe estar persiguiendo amigos imaginarios", "Yo creo que Luisa ha dormido todo el dia", "Mariana se está peinando para ir a carretear"... y así nos la pasábamos cagados de la risa todos los días imaginándonos en qué andaba la ridícula, con sus sobrenombres infinitos. Yo estaba tan feliz allá que en algún minuto me di cuenta de que la única alegría de volver estaba en poder tocarle su guatita suave. Quería volver para comprarle choritos. Hacer que me agarrara la mano con su manito nerviosa para que se pudiera comer el bendito chorito como si fuera la primera vez en meses que tomaba agua después de vivir en el desierto. Quería volver para instalarle una puertita en la logia para que pudiera entrar a la casa a cualquier hora cuando salía a carretear. Quería volver porque después de meses de adecuarse y aprender a conocerse, ella y Óscar finalmente se querían. Óscar la echaba de menos y llegaba ansioso a la casa a saludarla. Ella lo llamaba para comer y había aprendido a recibir cariño en la guatita gracias a él.
Y volvimos. Y no estaba.
La gente, linda siempre, decía que tuviera fe y paciencia, que iba a volver. Esperamos un día. Ella siempre salía, pero siempre volvía apenas yo la llamaba. Era raro. Pusimos carteles toda la tarde del domingo. El conserje del edificio de atrás nos dijo que la conocía perfecto, que siempre la veía tratando de cazar pajaritos. Nos reímos. "Las gatitas son un poco prostitutas, mijita, pero vuelven, no se preocupe" me dijo una vecina del mismo edificio. Nos fuimos más tranquilos. Esa noche lloré mucho menos.
En la mañana del lunes me despertó un llamado. Todos saben que duermo hasta tarde, era obvio que alguien se había aguachado a la Tufita Marina y me estaba llamando para avisarme. "Te llamo por el cartel. Y me da mucha pena decirte esto pero yo la vi el jueves, en una jardinera, le quise hacer cariño y me di cuenta de que estaba muertita. Tal vez la puedas encontrar todavía". Bajé medio dormida, medio en pijama, medio llorando. Revisé cada edificio, hablé con los niños que estacionan autos. Nadie sabía nada. La niña me escribió por whatsapp. "Hablé con mi pololo que se  acordaba del edificio, te mando la ubicación". Finalmente doy con el edificio. El conserje conversaba con un vecino y me hizo esperar mucho rato. Le dije que estaba buscando a una gatita, que me dijeron que la habían visto en este edificio muertita. Por lo menos voy a poder ver su guatita suave una última vez, enterrarla junto al Pío, al Melón, a la Chanchi y la Pipina.  "La boté a la basura, señorita".
Y fue mucho más gráfico que eso la verdad.
Y pasaron 3 semanas y yo no fui capaz de desarmar mi maleta. Creo que era una forma de negarme a aceptar que así había terminado ese viaje, y que mi Copuchita ya no estaba.
Todos me han llenado de cariño, amor y preocupación últimamente. Gente que tal vez nunca conoció a la Chipina más que por fotos. Gente que no me ha visto en años. Hasta gente que no me conoce en persona. Y estuve muy reacia a decir bien qué pasó porque era muy fome, pero quería que conocieran la historia para entender más mi pena; que para algunos parece tan irracional (qué pena lo es en todo caso) y para otros tan obvia; pero sobre todo para agradecerles a los que empatizan, justamente por esa empatía infinita, maravillosa y ese cariño que crea lazos con quienes usualmente no los tenemos. Gracias por los abrazos virtuales y amor real que nos demostraron al gatito y a mí. Y a los que me quieren regalar lápices para que le ponga más color, no tienen idea de lo que se pierden por no saber amar a un animal.
Y cada dia tengo mas claro que ningún animalito se merece terminar en la basura.
Gracias a todos 



2 mar 2016

Ya, bueno, somos feminazis



Ya, bueno, somos feminazis.

Somos feminazis porque la muerte de Marina y María José nos recuerda que nunca podremos caminar tranquilas por la calle. Que todos los días de nuestra vida, sin importar si somos jóvenes o viejas, delgadísimas u obesas, si andamos con burka o minifalda, correremos el riesgo de que nos violen, de que nos maten, de que nos tiren en una bolsa al mar.

Somos exageradas porque el chiste de Caroe nos recuerda justamente eso: que los hombres LA PONEN, como quien pone una vela en una torta, como quien pone una bala en un cuerpo, porque el hombre nace con un arma, y nos han culpado toda la vida por cada disparo. Que la ropa que nos pusimos, que salimos muy tarde, que nos emborrachamos, que le sonreímos al desconocido, que elegimos viajar y conocer el mundo en vez de cultivar una mente estrecha.

Somos cuáticas porque a Zamudio lo mató el machismo. Y a Marcelo Lepez, y a Lawrence Partida, y a Claudio Olivares. A todo ellos y tantos más los mató el machismo que sólo concibe un tipo de hombre, un solo rol para el hombre. 

Somos colorientas porque el comentario de Gumucio nos recuerda que no importa cuán inteligente seamos, cuánto hayamos aportado a un movimiento social, qué tanto hayamos luchado por llegar a donde estamos, nuestro valor siempre va a estar en nuestro cuerpo, en la cara bonita, en el pelo brilloso; que las mujeres nunca vamos a poder más que eso. Nos recuerda a aquel hombre que nos dice 'gorda asquerosa' como el peor insulto, cuando no le regalamos nuestra atención por el simple hecho de estar ahí, parado, deseándonos y odiándonos a la vez, ocupando el espacio que se ha ganado por ser hombre. 

Nos enojamos por chistes, por comerciales, por tweets, porque nos cansamos de reírnos, porque simplemente no es gracioso escuchar obscenidades al oído en cada paradero, tener que ver penes forzosamente en vivo desde los 12 años, y por whatsapp ahora a los 30. No es gracioso que los hombres puedan encontrar el amor en Tinder y que si las mujeres estamos ahí no podemos esperar que nos traten con respeto. No nos reímos porque estamos chatas de ser enrolladas porque un beso significa amor para nosotras, y de ser calientasopa porque un beso significa sexo para los hombres. Siempre es nuestra culpa. No nos reímos porque estamos chatas de ser putas por ser sexuales y cartuchas por ser recatadas. De siempre irnos con un calificativo sin importar qué cosa decidamos hacer.



Somos dramáticas porque la Monica Lewinsky es puta, porque la Kenita Larraín es puta, porque la Vale Roth es puta, porque la que aborta es puta, porque la que no quiere hijos es puta, y la que tiene muchos es puta. Y todos los hombres que las acompañan son simplemente... hombres. Y pueden matarnos por ser putas.



Somos alharacas no sólo porque nos están matando a nosotras, sino porque es el machismo el que manda a los hombres a la guerra, a que se maten entre ellos, el machismo es el que los hace suicidarse por no poder cumplir con lo que el machismo espera de sus machos, el machismo el que los deja sin la tuición de sus hijos, sin asientos en el metro, con trabajos indignos y peligrosos. El machismo el que los hace creer que son simples monitos incapaces de razonar, el machismo el que los oprime a ellos también, y todavía no se dan cuenta.













Ya, bueno, somos feminazis, pero sólo porque buscamos un genocidio mental que evite que se siga asesinando gente. 









9 feb 2014

Hoy es un día de sol

Un cucharón de poroto negro cremoso añejo, 
el delantal de flores 
y una foto de Jesucristo en cada esquina. 
Y en cada esquina una prostituta. 

Miércoles de ceniza 
y una celebración el día antes 
llena de lentejuelas y brillantina 
y pechugas 
y potos. Nuestra Señora. 

Un jogador con sueldo millonario 
y la criança come el cucharón 
de poroto negro cremoso y añejo. 

Arena blanca, agua de coco 
y 7 millones de analfabetos. 
Samba en el Senado. 
Ministerio de Pagode. 

Ésa es la alegría brasilera.



Mayo 2011




12 ago 2013

VIAJAR | 5 razones para ir a Islandia

1. Gullfoss (o Catarata dorada). Creo que cualquier catarata es increíble, pero nunca había visto una desde este ángulo. Se forma en el río Hvítá, y tiene tres escalones, el último de más de 30 metros. Me parece que el tour típico del sur de Islandia, que se llama Golden Circle, recibe su nombre por esta catarata. Fíjense porfa en el tamaño de la gente, es la única manera de cachar realmente lo enorme que es.



2. Þingvellir. Como un sueño. La pequeña casa en la pradera got nothing on it. Me hubiese encantado saber quiénes vivían en esas casas y dónde compraban el pan.

3. Los atardeceres. Lo más curioso de todo es que los atardeceres en verdad debiesen llamarse anocheceres. Esta foto de hecho es de las 10 y media de la noche. Tomé como 500 y siento que me faltaron. Lejos lo más lindo y sencillo dentro de toda la majestuosidad islandesa.









4. Bláa Iónið (o la Laguna azul). La laguna en sí se puede ver desde lejos, pero sólo se puede acceder a ella a través del Spa del mismo nombre. Está como a 12 kilómetros del aeropuerto, entonces hay tours específicos para ir justo antes o después de un vuelo. Como para sentirse Brooke Shields =).








5. Los caballos. Esta especie de caballo es exclusiva de Islandia. Son más bien ponis, porque son bajitos, más gordos y bien peludos. Los islandeses están muy orgullosos porque han logrado mantenerlos como una raza pura: está prohibido la importación de otros caballos y para cabalgar hay que firmar un formulario bastante extenso para certificar que no se ha estado en contacto con animales de granja y así evitar cualquier enfermedad.

25 may 2013

VIAJAR | 5 razones para ir a Scottsdale, Arizona (Parte 1)

1. El clima. Year round heat, para mí al menos, es perfecto. El invierno igual es invierno, no hay 25 grados, hay que usar parka, pero la temperatura nunca baja demasiado. Y el verano es bien especial, porque del calor absoluto se puede pasar rápidamente a una tormenta eléctrica, y no sé por qué, pero eso lo encuentro bacán.

2. La gente. No sé si es la comodidad gringa, el clima rico o el hecho de que yo me relacioné con pura gente que trabaja en el área de hospitality, pero nunca falta el saludo amable al cruzarse con otro en la calle, la sonrisa simpática al entrar a una tienda, las disculpas, los 'permiso' en el supermercado y así... Tal vez la gente de Scottsdale fue concebida al son de Mazapán, porque de todos los lugares que conozco de EEUU (que tampoco son tantos), esta ciudad es lejos la más amable y respetuosa.

3. La civilidad del conductor. Tiene que ver con lo anterior, pero esto es realmente destacable. Al ser una comunidad mayoritariamente jubilada (y, bueno, gringa también), encontrarse con un peatón es casi una fiesta. Y por eso mismo, los autos pueden estar en verde y uno cruzando en la mitad de una avenida, pero los conductores van a parar hasta que uno se decida a cruzar, a volver a la vereda o a comerse un sundae en la calle. Y nadie nunca te va a tocar la bocina. Lindos.


4. Los campos de golf y la naturaleza. No le hago al golf y odio a Tiger, pero los campos de golf son agradablísimos a la vista. Scottsdale está como en la mitad del desierto, pero está lleno de pasto, de palmeras, de lagunas, de patos y conejos. Yo más de una vez me sentí Blancanieves en el camino a la pega.



5. El cielo. ¿Para qué escribir?



Bonus track: ¡Mis amigos!

  






22 abr 2013

VIAJAR | 5 razones para ir a Bolivia

1. El hablamiento. Nuestros hermanos bolivianos hablan lindo. Pronuncian cada una de las letras, tienen un tono bajito y suave, una erre que es la ternura máxima, como la de la Mercedes Sosa (claro, si igual Tucumán está bien cerca de Bolivia), y varias palabras especiales. "Mañana el despierto es a las 5am", por ejemplo =).


2. La cholita. No hay personaje más lindo que éste. El roto chileno es un bacán pero lamentablemente nos encargamos de darle una connotación negativa y es difícilmente identificable. El gaucho en verdad no es más famoso que el tanguero, y el tanguero para mí tiene más de James Bond que de latinomericano. La cholita es la cholita aquí y en cualquier parte, con su ropa de colores intensos, sus trencitas negrísimas y eternas, con la guagua envuelta y bien cerca del corazón. Preciosa.








3. El salar de Uyuni. Una de las maravillas de la naturaleza. Un hábitat supuestamente hostil para la mayoría de las especies pero al final tan lleno de vida que da nervio, tan espacioso que agobia.





4. Las llamas. Después del unicornio, la llama es mi animal favorito. Y, a diferencia del primero, uno se puede tomar fotos con ellas =). Además, son peludísimas, lentísimas, con cara de inocencia y bastante silenciosas. Acabo de cachar que me gustan porque son iguales a mi gata. Igual, si se pudiera, feliz tendría 3 llamas en mi patio.






Llamita linda.

5. Los colores. Nada más lindo y alegre que un país lleno de colores. Nada más lleno de colores que un país desértico, medio amazónico, cordillerano y muy profunda y orgullosamente indígena. Bolivia es un ejemplo para nosotros en muchos niveles.




* Pero no todo es tan bueno. Las razones para no ir, aquí.

2 feb 2013

VIAJAR | 14 razones para viajar con Virgin Atlantic


Nunca había viajado con Virgin Atlantic. Compré el pasaje con un poco de desconfianza a través de Kayak.com, porque era el más barato y uno de los vuelos más cortos de Boston a Londres (para después tomar otro vuelo -vía British Airways- a Bruselas). De las mejores experiencias de todo mi paseo EEUU-Europa-Canadá, acá hay no 5, no 10, sino 14 razones para que la elijan como aerolínea:

1. Menú. Te lo dan impreso, tal como en los matris, y no sólo tienen 3 opciones de comida -incluida una vegetariana-, sino además puedes solicitar un plato vegano sin necesidad de avisar con anticipación. Secos.

2. Pasillos. Híper amplios. Y yo pagué coach no más po.

3. Agua. Los pasillos, aparte de amplios, tienen dipensadores de agua. No es rico llamar a una azafata a las 3 de la mañana porque el vasito de 4ml que te dieron del carrito se te acabó y te mueres de sed.

4. Baños. Yo soy una niñita media pudorosa, pero baños así de grandes y rechinantemente limpios como que te llaman a hacerte socia del Mile High Club. Y a creer que esta escena de Snakes on a Plane, la película más wevona del mundo, ya no parezca tan improbable. Por lo de las serpientes, claro.

5. Crew. Son todos lindos, rubiecitos y con un acento total. No sé si me encanta el acento británico, pero las vocecitas suaves y amables -sobre todo cuando las tienes que escuchar cada media hora por el altoparlante- efectivamente son un plus. Y yo no soy la única que cree que los cabros son guapos.



6. Chocolate caliente en mitad de la noche. ¿Es broma? Estuve a punto de pedir un guatero también. Es bien probable que me llegara.

7. Reciclaje. Pasan con bolsas especiales para recolectar plásticos y papeles y evitar que se mezclen con el resto de la basura. Capos.

8. Jugo de naranja antes del desayuno. Self-explanatory y como un súper regaloneo de domingo.

9. Amenity kit. Esas cosas como de otrora que las aerolíneas ya no hacen: al llegar te entregan un estuchito con un lápiz, calcetines, antifaz para dormir y pasta y cepillo de dientes. Que a todo esto me salvó en Dinamarca cuando el mío se cayó al WC =).






10. Donaciones. El amenity kit viene con una bolsita de papel donde uno puede echar cualquier tipo de moneda que le haya sobrado de un viaje, y que ellos donan a diferentes instituciones.

11. Pantallas personales con montones de películas, series y juegos. Casi todas las aerolíneas las tienen ahora, pero sigue siendo un agrado para un vuelo corto y barato.

12. Good-bye treats. Al salir del avión, la azafata te regala una sonrisa y una cajita con dulces de corazón como estos.

13. Su video de instrucciones de seguridad. 



14. El avión. Es precioso =). Mírenlo. 




17 nov 2012

VIAJAR | 5 canciones que me acompañaron en mi viaje del 2012

Ellie Goulding - Lights


Esta canción es vieja. O sea, no vieja del 76, pero no de este año. Aun así, apareció montones de veces en mi viaje, específicamente en mi reencuentro con el calor de Scottsdale, Arizona. A ella la vi hace ene en un episodio de SNL, pero la pesqué nada y sólo pensé en lo mucho que se parecía a la Christina Aguilera (cuando la Christina era bonita y todavía no tenía como objetivo de vida parecer una estríper con hidrofobia). Ahora me encanta.
Scottsdale, Arizona.










Emiliana Torrini - Jungle Drum


Esta canción es aún más antigua, pero es imposible no relacionarla con Islandia y su excelente campaña de turismo. Millones de veces soñé estar bailando con esos chalecos tan nórdicos y esos movimientos tan escandinavos sobre las planicies paradójicamente verdosas del país del hielo. Nunca bailé ni me compré uno de esos chalecos (porque no estoy ni ahí con gastar 95 lucas en una prenda de vestir), pero sí conocí Reykjavík, y my heart was in fact beating like a jungle drum.
Reykjavík, Islandia.










Lukas Graham - Drunk In The Morning





Lejos el mejor souvenir que me podría haber traído. Con mi amiga un día entramos a una tienda de zapatos en un mall de Dinamarca, y no sólo nos encontramos con un perrito durmiendo debajo de una silla, sino además con esta canción de fondo. Me enamoré en un segundo, así que le pregunté quién cantaba a la chiquilla que trabajaba ahí. Me anotó el nombre en una libreta y creo que lo segundo que hice al llegar a Chile fue buscarlo en YouTube. Me recuerda muchísimo a los años mozos de Maroon 5, cuando Adam Levine todavía no se juraba Ashton Kutcher y escribía más desde el corazón que hacia la billetera. Claro que las letras de Lukas Graham (el nombre de la banda y del vocalista) no son muy romanticonas que digamos, son más bien perrito zorrón invitemo unas minits. Pero qué importa, son daneses.
Copenhague, Dinamarca.











Jennifer Rostock - Du willst mir an die Wäsche





Esta canción me la hizo difícil. Aparecía un pedacito en un comercial en MTV2 en el hotel de Holanda, entonces pillarla a tiempo y alcanzar a leer el nombre de la mina fue una suerte de mini eurodesafío. Ya la última noche en Ámsterdam, desvelada por el nervio de viajar sola a Islandia, tuve 6 horas para esperar el video y aquí está. Todavía no logro cachar qué significa, porque según Google Translate es algo así como '¿Quieres que me bañe?' y le tengo más fe a los lyricists alemanes.

Marken, Holanda.





Nicki Minaj - Pound The Alarm 


Jaja. ¿Qué se puede decir de una canción así, con un video así, con un poto así? Nada mucho, salvo que me acuerda de mi Dani maravilloso y los bailes frente a la tele en el living. Hay olor y sabor a Toronto cada vez que la escucho.

Toronto, Canadá.

VIAJAR | 5 platos vegetarianos imperdibles de EEUU

Grilled artichoke (o la flor más rica del mundo)

Una simple alcachofa hecha a la parrilla con salsa aioli (ajo y aceite) y chips de papas. Intenso el plato, como todo lo gringo, y, a pesar de ser aperitivo, suficiente como para una comida completa, como todo lo gringo.

¿Dónde? Yard House en 40770 Winchester Rd, Temecula, California.



Falafel wrap (o la alegría egipcia envuelta en libros)

Lo exquisito acá no es sólo la comida, sino también el ambiente. Este café lleno de libros existe desde los 80, y surgió de la idea de hacer un lugar donde poder leer con una buena taza de café. De a poco se amplió el menú, y ahora hacen un wrap de falafel con hummus, queso feta, lechuga, tabule y tzatziki que deja a cualquier hamburgorda por el piso. El tabule es como una especie de pebre libanés y la salsa tzatziki tiene yogur, pepino, ajo y otros aliños. Chuta, me dio hambre. ¿Dónde? Trident Booksellers & Cafe en 338 Newbury Street Boston, Massachusetts.



Panini Grilled Cheese Sandwich (o la delicia más sencilla del mundo)

Un panini relleno con tomates asados, rúcula y una mezcla de quesos cheddar, mozzarella y jack, acompañado de trocitos melón (eso sí, la fruta en Arizona es harto mala porsiaca!). Un simple pan con queso tan demasiado bueno es una cuestión inexplicable. Pida también la porción de camote frito en un mini carrito de supermercado. Una mezcla rara de dulce y salado y la ternura total. ¿Dónde? Delux Burger en 3146 E Camelback Rd, PhoenixArizona.


Puttanesca Pizza (o la sabrosura italiana senza animali)


Me gusta un poco la alcachofa al parecer. Alcachofitas, aceitunas negras y albahaca, con queso pecorino y mozzarella... cuáaaatica. La fila para entrar puede durar fácil una hora; haga reserva.

¿Dónde? Regina Pizzeria en 11 1/2 Thacher Street, Boston, Massachusetts.



Gente pochita y feliz después de comerse todo Pita Jungle.

Hummus Trio (o la Trinidad de reshupete)

Comí esto el año 2006 y nunca lo pude olvidar. Volví 6 años después y resulta que el plato lived up to my expectations y más allá. Hummus clásico, hummus de pimentón rojo asado y hummus de cilantro y jalapeño, para comer con todos los pan pita (de esos gorditos verdaderos) que se te ocurra. Espero poder volver a comerlo antes del 2018.

¿Dónde? Pita Jungle en 7366 E. Shea Boulevard, Scottsdale, Arizona.




13 nov 2012

VIAJAR | 5 razones para no ir a Bolivia




1. El tránsito. Si usted es urgido por la situación vehicular como yo, en La Paz se va a volver loco. Creo que en los 5 días que estuve dando vueltas por todos lados vi dos semáforos (y no recuerdo ningún signo PARE); hay calles de una sola pista que, curiosamente, son de doble sentido; y el peatón tiene cero preferencia, es más, es como una molestia para el conductor -lógico porque tampoco hay mucha vereda-. Y obviamente todo lo que no está resuelto por métodos tradicionales, el boliviano lo resuelve con la bocina. Estrés.

2. Las edificaciones sin terminar. Hay millones y millones, en todas partes, de todos los tipos. Es como si empezaran ultra embalados, y al llegar al techo se les acaba la energía. O los materiales. O nadie les quiso pagar los tijerales, no sé. Al principio asumí que era una ciudad en evolución, pero según lo que nos explicaron al final del viaje, todo el mundo deja las casas sin techo o los edificios con su último piso inconcluso para evitar pagar los impuestos.







3. El baño. Creo que en todo mi viaje, estuve en un baño donde me sentí cómoda. No es que yo sea una princesa, pero uno necesita al menos un lugar donde poder sentarse de vez en cuando sin pensar que va a salir un monstruo a comerte el poto o que el olor te va a hacer convertirte en Hulk.


Instrucciones de uso del baño.

4. El polvo. Hay polvo en todas partes, pero donde es más terrible (y se siente, y molesta) es en el viaje de doce horas por un camino de tierra desde La Paz a Uyuni. No hay pañuelo ni bufanda que aguante, y después sonarse es una experiencia semi dolorosa . Uno va con ganas de respirar aire no-santiaguino, y al final tampoco es mucha la pureza que uno encuentra.

5. La comida al aire libre. No tengo ni un problema con que se venda comida en la calle -de hecho es harto bueno- pero ver el yoghurt y la mayonesa a temperatura ambiente debajo del sol de La Paz me da como tifus visual.

Persona apunada con cara de poto en Bolivia.

Bonus track: La cuchara. No para comer precisamente: el corazón a mí se me fue a las pailas. Este es un país en diagonal, uno o va de bajada o de subida, como que no hubiera planicies nunca. Estuve los 11 días sintiéndome como un cincuentón bueno pa'l cigarro y el choripán, que juega un partido al mes y va con todo a meter el gol. Como al borde del ataque cardíaco así.

El país en diagonal.

*Pero no todo es tan malo. Las razones para sí ir, aquí.


Janiamjoum!