11 sep. 2014

11 de septiembre

Nunca, en mis 32 años de vida y los 27 desde que murió mi papá, había soñado con él.
Pero hace poco tuve un sueño, en el que él y yo estábamos en la puerta de la casa de mis abuelos, y yo lo abrazaba, con mi metro-uno de estatura, y me colgaba de él llorando. Le pedía que no me dejara sola, que yo lo necesitaba, que me llevara con él.

-Nooo, pero, mi amor, si voy y vuelvo...
-¡Mentira! No me mientas, yo soy inteligente porque me parezco a ti y sé que no vas a volver.

Y me desperté llorando como no lloraba hace años.

Así que hoy no puedo evitar pensar en todas esas personas que llevan décadas soñando con volver a ver a quienes amaron, esas personas que no pudieron despedirse, ni siquiera dar una sepultura digna a su hija, a su hermano, a su marido, a su mamá. Y me dan ganas de llorar más fuerte que esa niñita colgada de la cintura del papá suplicándole que se quede.

Mi corazón está con ellos, hoy y siempre. Y, a pesar de que hay gente que celebra un día en el que se dio inicio a una historia llena de crueldad e inhumanidad y que representa una vergüenza nacional, es importante que sepan que habemos muchos acompañando a quienes nunca obtuvieron justicia. Un abrazo fraterno a todos ellos.


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