8 jun. 2018

ELLAS NO ME REPRESENTAN

Amigas,

Me parece muy respetable que sientan que estos movimientos no las representen. Hay muchas opciones para ustedes:

-Tienen libertad absoluta de salir a la calle a representarse como les parezca más adecuado.

-Cuando se logren los cambios que se persiguen, tienen libertad de autoexcluirse también de esos "beneficios". Ya que no las representan, me imagino que tampoco quieren ser receptoras de los resultados de estos movimientos.

-Tienen la libertad de seguir sentadas frente a Facebook alegando por la forma en que otras mujeres luchan por sus derechos. Yo no muevo la raja, así que yo al menos les agradezco, las aplaudo y ni cagando soy tan patuda de alegar porque otra mujer hace con su cuerpo lo que ella quiere, para, más encima, lograr cambios que para mí serán buenos.

-Tienen la libertad de bajarse del autito una vez en la vida o caminar 15 cuadras para llegar a la pega, o moverse en comunas distintas a Providencia, Las Condes, Vitacura o Lo Barnechea. Tal vez ahí comprueben que efectivamente estas chiquillas no las representan porque ustedes NUNCA EN LA VIDA HAN ESTADO EN SUS ZAPATOS. El "mi reina" que les dice el casero de la verdulería una vez a la semana no tiene nada que ver con la obscenidad que se escucha a diario en el metro, la calle o la micro.

-Tienen libertad de seguir recibiendo flores, chocolates, de seguir yendo a misa, de seguir depilándose, tiñéndose el pelo, vistiendo a su niñita de rosado. NADIE LAS OBLIGA A NADA.

Estas niñas a poto pelao buscan libertad para ellas y para ustedes. Para que ustedes puedan taparse el poto y para que ellas se lo puedan destapar. Son ustedes las que quieren coartarles las libertades a ellas. Ustedes no las representan.


21 may. 2018

Oriana Marzoli

La Oriana Marzoli wevea y wevea, te grita que erís gorda, que erís inmoral, que erís flojo. Te dice que cerrís las piernas, que no mostrís las pechugas, que no seai bailarín, que erís depravado porque te enamoraste de un hombre. Te grita desde su palacio que erís terrorista, y que está bien que te maten y te torturen, y que querís todo gratis, que pa tener cosas hay que trabajar. Te recuerda que no la representas porque eres indigna y en cambio ella sí se respeta (porque su cuerpo es de todos menos de ella). Te pregunta por qué hablamos de las torturas de Pinochet si eso pasó hace tanto, pero aclara que no hay que olvidarse de las colas de Allende. Te dice delincuente, negro curiche, indio de mierda, cara de nana. La Oriana te grita que volvai a tu país, que si te violaron es por tu culpa, que Dios no te quiere. Pero la Oriana sólo grita, la Oriana no se ensucia las manos porque las Orianas jamás se ensucian las manos.

Y de repente uno se apesta de tanto weveo, y agarra a la Oriana del pelo pa que se quede callada, y la Oriana se pone a llorar, y te dice que erís intolerante, agresivo y violento. Y que así son todos los que están en contra de la Oriana. Pobre Oriana.




11 oct. 2017

La gente es muy floja

Dreta se levanta temprano en la mañana para despertar a los niños. Va a la cocina con ellos, pero el desayuno no está listo. Le recuerda a la nana que para eso le paga, para que el desayuno esté listo. Le recuerda también que le haga la lista del supermercado.

Dreta hace su pedido online mientras espera que llegue el tío de la liebre. El tío llega tarde. Dreta le dice a la nana que lleve a los niños, y que le diga al tío que para eso le paga, para que los niños lleguen a tiempo al colegio.

Dreta se ve la celulitis de las piernas y se acuerda que la niña de los masajes está por llegar. Le pide a la otra nana que haga rápido la cama y termine de pasar la aspiradora. Para eso le paga, para que la casa esté limpia.

Dreta quiere cambiarse de ropa para el masaje pero no encuentra el peto deportivo. Se lo pide a la nana 1, la nana 1 no lo ha lavado. Dreta le recuerda que para eso le paga, para tener la ropa limpia. Le dice también que le recuerde al jardinero que las plantas no se riegan solas. Que para eso le paga, para que el jardín esté cuidado.

Dreta recibe su masaje y llega el pedido del supermercado. Le dice a la nana que lo revise y lo guarde. Faltan los potes individuales de fruta picada, las 36 botellas de agua mineral y las bolsas ziploc. Dreta llama al supermercado, pero el supermercado no le soluciona el problema. Dreta decide ir ella misma.

Dreta se sube a su auto automático, prende el calefactor del asiento. Pasa rápido por el paradero lleno de gente muerta de frío. Llega al supermercado y se estaciona en el lugar de discapacitados. Total, va y vuelve. Echa las cosas en el carro, llega a la caja, y la niña de las bolsas se demora mucho. Le da 100 pesos y le recuerda que para eso le paga, para que le facilite las cosas.

Dreta va a almorzar con dos amigas. Le traen el plato equivocado. Le recuerda al mesero que para eso le paga, para que le traiga lo que pidió.

Dreta vuelve a la casa y recibe a los niños que llegan del colegio. Dretito se sacó un 4,7 en la prueba. Dreta llama a la profesora particular, le cuenta la noticia y le recuerda que para eso le paga, para que eduque a sus hijos.

Dretito tiene fiebre. Dreta lo lleva a la clínica. Los hacen esperar 4 minutos. Dreta le recuerda al médico que para eso le paga, para que atienda a sus hijos. Dretito mejora y vuelven a la casa. En el auto automático, con calefacción y tele.

Dreta pide sushi a la casa para comer con el marido y los niños. El motorista no llega con el jengibre. Dreta le recuerda que para eso le paga, para que le traiga el pedido completo.

Dreta se acuesta en su cama, al lado del marido, prende el calientacamas y la tele con el control remoto. Ve en las noticias una señora que se queja de haber trabajado 47 años como asesora del hogar y recibir 89 mil pesos de pensión que no le alcanzan para la micro. "La gente es muy floja", piensa Dreta.




19 dic. 2016

La Chipita y la gente linda

Hace poco más de un mes volvimos de EEUU con el Oski. Fue un viaje precioso, entretenido, estuvimos en la playa, en Disney, con amigos antiguos y generosos, con personas tristes y felices, compramos, comimos, vimos las elecciones con dolor de guata hasta las 3 de la mañana, anduvimos por carreteras desiertas planeando qué hacer si se nos aparecía una persona en la mitad de la noche en la mitad de la calle (atropellarla y huir era mi plan, yo creo que Óscar le quería clavar un cuchillo en el cerebro, pero nunca me enteré).
Yo cumplí mi sueño de ir a Whole Foods, él de manejar un Mustang. Nos quemamos poco, vitrineamos mucho. Nos hicimos reír mutuamente. Una de mis partes favoritas fue la de jugar a "Y ahora qué está haciendo la Chipi?". En el auto, todos los días, yo hacía la pregunta y Oscar respondía. "La Tufa se acaba de despertar, se está estirando y ahora va a seguir durmiendo", "Mmm, yo creo que Mario Yepes (uno de sus sobrenombres) está enojada porque vino José Gaturro (vecino non grato) a robarle su comida y ahora le hace ambuuuu-jjjjjjj", "La Pipa Estévez debe estar persiguiendo amigos imaginarios", "Yo creo que Luisa ha dormido todo el dia", "Mariana se está peinando para ir a carretear"... y así nos la pasábamos cagados de la risa todos los días imaginándonos en qué andaba la ridícula, con sus sobrenombres infinitos. Yo estaba tan feliz allá que en algún minuto me di cuenta de que la única alegría de volver estaba en poder tocarle su guatita suave. Quería volver para comprarle choritos. Hacer que me agarrara la mano con su manito nerviosa para que se pudiera comer el bendito chorito como si fuera la primera vez en meses que tomaba agua después de vivir en el desierto. Quería volver para instalarle una puertita en la logia para que pudiera entrar a la casa a cualquier hora cuando salía a carretear. Quería volver porque después de meses de adecuarse y aprender a conocerse, ella y Óscar finalmente se querían. Óscar la echaba de menos y llegaba ansioso a la casa a saludarla. Ella lo llamaba para comer y había aprendido a recibir cariño en la guatita gracias a él.
Y volvimos. Y no estaba.
La gente, linda siempre, decía que tuviera fe y paciencia, que iba a volver. Esperamos un día. Ella siempre salía, pero siempre volvía apenas yo la llamaba. Era raro. Pusimos carteles toda la tarde del domingo. El conserje del edificio de atrás nos dijo que la conocía perfecto, que siempre la veía tratando de cazar pajaritos. Nos reímos. "Las gatitas son un poco prostitutas, mijita, pero vuelven, no se preocupe" me dijo una vecina del mismo edificio. Nos fuimos más tranquilos. Esa noche lloré mucho menos.
En la mañana del lunes me despertó un llamado. Todos saben que duermo hasta tarde, era obvio que alguien se había aguachado a la Tufita Marina y me estaba llamando para avisarme. "Te llamo por el cartel. Y me da mucha pena decirte esto pero yo la vi el jueves, en una jardinera, le quise hacer cariño y me di cuenta de que estaba muertita. Tal vez la puedas encontrar todavía". Bajé medio dormida, medio en pijama, medio llorando. Revisé cada edificio, hablé con los niños que estacionan autos. Nadie sabía nada. La niña me escribió por whatsapp. "Hablé con mi pololo que se  acordaba del edificio, te mando la ubicación". Finalmente doy con el edificio. El conserje conversaba con un vecino y me hizo esperar mucho rato. Le dije que estaba buscando a una gatita, que me dijeron que la habían visto en este edificio muertita. Por lo menos voy a poder ver su guatita suave una última vez, enterrarla junto al Pío, al Melón, a la Chanchi y la Pipina.  "La boté a la basura, señorita".
Y fue mucho más gráfico que eso la verdad.
Y pasaron 3 semanas y yo no fui capaz de desarmar mi maleta. Creo que era una forma de negarme a aceptar que así había terminado ese viaje, y que mi Copuchita ya no estaba.
Todos me han llenado de cariño, amor y preocupación últimamente. Gente que tal vez nunca conoció a la Chipina más que por fotos. Gente que no me ha visto en años. Hasta gente que no me conoce en persona. Y estuve muy reacia a decir bien qué pasó porque era muy fome, pero quería que conocieran la historia para entender más mi pena; que para algunos parece tan irracional (qué pena lo es en todo caso) y para otros tan obvia; pero sobre todo para agradecerles a los que empatizan, justamente por esa empatía infinita, maravillosa y ese cariño que crea lazos con quienes usualmente no los tenemos. Gracias por los abrazos virtuales y amor real que nos demostraron al gatito y a mí. Y a los que me quieren regalar lápices para que le ponga más color, no tienen idea de lo que se pierden por no saber amar a un animal.
Y cada dia tengo mas claro que ningún animalito se merece terminar en la basura.
Gracias a todos 



20 oct. 2016

Comunacha


Comunacha te escupo
en tu camino a la plaza


Comunacha te digo
con mis dos manos sangrientas


Comunacha y tu mierda
de liberar a las masas


Como un hacha te mato
con mis palabras punzantes


Comunacha abortista
que el Señor te perdone


Comunacha marxista
con ojos para los pobres


Comunacha upelienta
y tu canción de libertades


Comunacha,
en tu vientre
crucificamos a Cristo.


4 sep. 2016

Cual Hitler (Poema 2)

Yo escribo con todos los monos
que usted, leyendo, comprende
-reconoce y valora-
y así usted se entretiene
y yo logro lavarle la cabeza de a poco
sin que usted se dé cuenta
¡pues soy toda graciosa!

Y me lleno de 7 millonadas de aplausos
mientras, transversalmente,
le introduzco en el mate
mis creencias sociales,
mis demencias privadas,
mis romances polares,
mi doctrina cristiana.

Usted ríe con ganas
(yo disfruto cual Hitler
destrozar sus verdades
dominar su ideario
y adecuarlos a MÍ)

¡Soy malvada, soy mala!

Lo mejor de este mote
es que usted sigue leyendo,
con conciencia total de que cada palabra
me hace ama y señora
de una de sus neuronas

Usted no puede parar.
Usted no puede parar.
USTED NO PUEDE PARAR.



Hombre golpea brutalmente a perro



Ninguno de nosotros quiere ver esto. Jamás querríamos que nuestros hijos lo vieran. En presencia de una cosa así, todos haríamos lo posible por salvar al perrito, y, muy probablemente, le querríamos sacar la chucha al weón (aunque después decidamos no hacerlo). Porque en el fondo, todo ser humano, salvo que sea un psicópata, tiene la tendencia natural (o tal vez socialmente desarrollada, no sé) a no querer hacerle daño a otro, y más aún, a cuidar al más débil. Nadie quiere ver a un niño siendo golpeado, a una mujer siendo violada, a un hombre siendo acuchillado. Incluso cuando no hagamos nada al respecto, cualquiera de estas situaciones nos produce un rechazo automático. Tal vez no todos lloremos de impotencia, tal vez no todos queramos andar por el mundo rogando compasión, pero todos coincidiríamos en que la persona que hace este tipo de cosas es un criminal o, al menos, un antisocial. 

En presencia de esto, nadie se atrevería a llamar sentimentales a quienes queremos defender al perrito, ni nos mandaría a preocuparnos de "cosas más importantes", no tendríamos que deshacernos en explicaciones de por qué el actuar del hombre del video está mal. Porque todos sabemos que está mal. Nadie nos llamaría radicales, ni creería que le estamos imponiendo nuestro pensamiento al mundo. Claro, salvo el hombre del video, quien podría perfectamente acusarnos de eso. Efectivamente, le estamos imponiendo la obligación de respetar a un ser que siente, que sufre, al que le duele, que vive y que puede dejar de vivir por lo que él hace. Nadie, salvo el psicópata y aquel que piensa como él, justificaría la acción del video alegando que alguna vez, en alguna era de la historia humana, era natural que el hombre torturara y matara perros. Nadie incluiría entre sus argumentos a los grupos indígenas que a veces deben comer perro para sobrevivir, ni las islas desiertas, ni los colmillos. El hombre del video tiene manos, manos que le sirven para golpear y matar, ¿es obligación que las use para eso? Nadie tampoco se atrevería a mencionar que los gatos también golpean y matan pájaros y ratones, porque, lógicamente, los gatos no son nuestro referente moral. Por fortuna tampoco lo son los leones que comen cebras. Nadie con un poco de inteligencia acudiría al argumento de que Hitler amaba a los perros, y que, por lógica, cualquiera que ame a los perros se convierte automáticamente en Hitler. Afortunadamente, nadie sacaría a relucir el igualmente importante sufrimiento del suelo que el hombre pisa, o de las pulgas que fueron golpeadas cuando se golpeaba al perrito. Nadie, en su sano juicio, usaría esos argumentos, porque todos sabemos, en nuestro sano juicio, que son muy malos argumentos. Y que, al final, nada justifica el actuar del maldito del video. 

Si alguien le dijera a cualquier de los que vimos el video que luego la piel del perrito fue usada para producir un abrigo maravilloso y abrigado, ¿alguno de nosotros querría comprarlo? ¿Por qué no? Si el ser humano necesita abrigarse, y puede morir de frío. Ah, porque hay otras formas de abrigarse. Sí, hay otras formas. Muchas, mucho más baratas, y claramente millones de veces más compasivas. ¿Para qué optar por suplir una necesidad mía con un producto que claramente va en contra de mis principios? ¿Por qué habría yo de destinar mi plata a una industria que genera un daño cuando puedo optar por tantas otras que, tal vez no lo eliminan del todo, pero sí lo minimizan?

Las vacas, los chanchitos y los pollos pasan por lo que pasó este perrito a diario. A diario. Una y otra vez, y nacen y viven así, y así mueren. Y continúan naciendo para morir. Si ninguno de nosotros quiere ver esto que le pasa al perro, la solución no es no ver el video , sino dejar de participar de la industria de abrigos de piel de perro que el protagonista del video tiene. Porque a ninguno de nosotros, por suerte, tampoco nos importa que el hombre se quede sin trabajo.


12 may. 2016

Colún: el horror del sur






Este comercial me indigna tanto. Me indigna porque es mentira, porque no es que esté levemente alejado de la realidad, sino que muestra el escenario precisamente contrario a la realidad. Me indigna porque no implica aumentar la saturación de la imagen para que la fruta se vea más bonita, atenuar las arrugas de una modelo con Photoshop para que una crema parezca más efectiva o hacernos llorar con la relación arreglada de un padre y un hijo para que nos den ganas de comprar un vino para brindar con la familia.

La leche no cae del cielo como la lluvia, no está en la atmósfera como el aire ni avanza naturalmente desde las montañas como los ríos. Para obtener leche se necesita inseminar a una vaca, que esté 9 meses preñada, que para un crío, que NO PUEDA alimentar a su propio crío, que siga con las ubres enchufadas a una máquina durante gran parte de su vida, que a su crío lo transformen en carne (es decir, que lo maten, para los que aún creen que los animales se transforman en carne de alguna forma mágica sin ser asesinados), y hacer esto una y otra vez durante toda su vida, no corriendo por el pasto, no haciendo el amorcito con un toro de vez en cuando. No. Forzada. Hasta que claro, ya no produzca tanta leche, y le llegue la hora, al igual que a sus hermanas y a sus hijos, de pasar por la pistola de "sacrificio". Con

Pero entiendo que disfrazar la realidad es la pega de la publicidad. Y que odio por igual todas las cajas de leche con imágenes de campos perfectos, empaques de queso con vacas sonrientes, o envases de yoghurt forradas con terneritos al lado de sus mamás. Lo que hace este comercial peor que los demás es que la gente lo ama.

Así es como REALMENTE se obtiene la leche:




























2 mar. 2016

Ya, bueno, somos feminazis



Ya, bueno, somos feminazis.

Somos feminazis porque la muerte de Marina y María José nos recuerda que nunca podremos caminar tranquilas por la calle. Que todos los días de nuestra vida, sin importar si somos jóvenes o viejas, delgadísimas u obesas, si andamos con burka o minifalda, correremos el riesgo de que nos violen, de que nos maten, de que nos tiren en una bolsa al mar.

Somos exageradas porque el chiste de Caroe nos recuerda justamente eso: que los hombres LA PONEN, como quien pone una vela en una torta, como quien pone una bala en un cuerpo, porque el hombre nace con un arma, y nos han culpado toda la vida por cada disparo. Que la ropa que nos pusimos, que salimos muy tarde, que nos emborrachamos, que le sonreímos al desconocido, que elegimos viajar y conocer el mundo en vez de cultivar una mente estrecha.

Somos cuáticas porque a Zamudio lo mató el machismo. Y a Marcelo Lepez, y a Lawrence Partida, y a Claudio Olivares. A todo ellos y tantos más los mató el machismo que sólo concibe un tipo de hombre, un solo rol para el hombre. 

Somos colorientas porque el comentario de Gumucio nos recuerda que no importa cuán inteligente seamos, cuánto hayamos aportado a un movimiento social, qué tanto hayamos luchado por llegar a donde estamos, nuestro valor siempre va a estar en nuestro cuerpo, en la cara bonita, en el pelo brilloso; que las mujeres nunca vamos a poder más que eso. Nos recuerda a aquel hombre que nos dice 'gorda asquerosa' como el peor insulto, cuando no le regalamos nuestra atención por el simple hecho de estar ahí, parado, deseándonos y odiándonos a la vez, ocupando el espacio que se ha ganado por ser hombre. 

Nos enojamos por chistes, por comerciales, por tweets, porque nos cansamos de reírnos, porque simplemente no es gracioso escuchar obscenidades al oído en cada paradero, tener que ver penes forzosamente en vivo desde los 12 años, y por whatsapp ahora a los 30. No es gracioso que los hombres puedan encontrar el amor en Tinder y que si las mujeres estamos ahí no podemos esperar que nos traten con respeto. No nos reímos porque estamos chatas de ser enrolladas porque un beso significa amor para nosotras, y de ser calientasopa porque un beso significa sexo para los hombres. Siempre es nuestra culpa. No nos reímos porque estamos chatas de ser putas por ser sexuales y cartuchas por ser recatadas. De siempre irnos con un calificativo sin importar qué cosa decidamos hacer.



Somos dramáticas porque la Monica Lewinsky es puta, porque la Kenita Larraín es puta, porque la Vale Roth es puta, porque la que aborta es puta, porque la que no quiere hijos es puta, y la que tiene muchos es puta. Y todos los hombres que las acompañan son simplemente... hombres. Y pueden matarnos por ser putas.



Somos alharacas no sólo porque nos están matando a nosotras, sino porque es el machismo el que manda a los hombres a la guerra, a que se maten entre ellos, el machismo es el que los hace suicidarse por no poder cumplir con lo que el machismo espera de sus machos, el machismo el que los deja sin la tuición de sus hijos, sin asientos en el metro, con trabajos indignos y peligrosos. El machismo el que los hace creer que son simples monitos incapaces de razonar, el machismo el que los oprime a ellos también, y todavía no se dan cuenta.













Ya, bueno, somos feminazis, pero sólo porque buscamos un genocidio mental que evite que se siga asesinando gente. 









5 sep. 2015

Poema 1

A Richi

A mí, don Nicanor

me enseño que no hay pa qué
poner todo ordenado

Y si me como un(a) tilde
o escriboapretao
es porque así vomito,
así voy al baño

Que las letras provienen de la médula!
Que las comas forman parte del sudor!
Y que no hay manera de correrse si un día se deciden a atacar

Que llegan sin aviso, y se quieren adueñar
de cada centígramo de pierna,
y de la frente al anular

Así que, mijo mío, cabro mío,
escriba con el suero, escriba en la pelela.
Escriba y escriba;
que no le gane ni la pasta, ni la goma, ni el teclado, ni la esquela.

19 ago. 2015

You are not alone


Deep in that dark filthy cage,
Trembling in cold and fear,
Slammed against that metal truck,
Crammed with all your peers,
Walking in that narrow corridor,
With shouts behind the door,
Facing the bodies of your friends,
On the killing floor.

Even in these moments, 
We wanted you to know,
That we see you, we hear you, we feel you, we love you,
That you are not alone.

They took you from your family,
And stuck you in a testing place,
They snatched you from your mommy,
Before she touched your face,
They sent you to the circus ring,
To amuse the laughing crowds,
They stripped you off your hair and skin,
And threw you on the ground.

But even in these moments, 
We wanted you to know,
That we see you, we hear you, we feel you, we love you,
That you are not alone.

One day, on this ravaged Earth,
When blood and tears subside,
Everything will be so calm,
And green from side to side.
Animals like me and you,
Will share this place in peace,
And there will be no suffering,
Just joy and love and ease.

But until that day is here,
We’ll meet on the Rainbow Bridge,
Where there will be no difference, 
‘Tween man and cow and pig.
We’ll hug and kiss and play all day,
Just like children do,
And then we will apologize,
For what we did to you.

And even in these moments, 
We wanted you to know,
That we see you, we hear you, we feel you, we love you,
That you are not alone.
You’re not alone,
Even when you’re gone.


12 ago. 2015

No te enamores de una persona curiosa

La moda de los "no te enamores de" es un poco apestosa. Pero este es bacán. Así que le damos espacio en este blog enojado y amoroso a lo más cliché de lo cliché, porque ser cliché a veces es cool.


No te enamores de una persona curiosa. Querrá saber quién eres, de dónde vienes, cómo es tu familia. Mirará todas tus fotografías y leerá todos tus poemas. Vendrá a cenar y hablar con tu madre acerca de cómo su curiosidad le ha enseñado cosas muy útiles. Te pedirá que explotes cuando estás enojado y que llores cuando estás herido. Te preguntará qué significa esa ceja levantada. Querrá saber tu comida favorita, tu color favorito, tu persona favorita. Te preguntará por qué. Va a comprar esa cámara que te gustó, prestará atención a esa banda que amas en caso de que haya un show cerca, te llevará ese suéter al que le sonreíste una vez. Aprenderá a cocinar tus comidas favoritas. Los curiosos no se conforman con el exterior, desean el interior. Ellos quieren lo que te hace pesado, lo que te hace sentir incómodo, lo que te hace gritar de alegría, ira, y de angustia. Su piel se convertirá en páginas en las que aprenderás a derramar tu ser. No te enamores de una persona curiosa. No dejará un suspiro sin explicación. Querrá saber qué hizo exactamente, qué hizo para que la amaras. Año, mes, día, semana “¿A qué hora fue? ¿Qué dije? ¿Qué hice? ¿Cómo te sentiste?“ No te enamores de una persona curiosa, porque he estado allí. Desabrochará tu camisa y leerá cada cicatriz, cada marca, cada curva. Explorará cada una de tus extremidades, cada órgano, cada pensamiento, cada ser.

— Fragmento, autor desconocido.




1 ago. 2015

Lo que la muerte de Cecil puede enseñarnos sobre la empatía


La trágica muerte de uno de los leones más queridos de Zimbabue, Cecil, ha generado indignación a nivel mundial. Y con razón. Es muy difícil comprender por qué alguien querría matar a una criatura tan increíble. El dentista estadounidense que cazó a Cecil con arco y flecha habría pagado 55 mil dólares para obtener el permiso para matar un león. Lo registros indican que Cecil fue atraído con una carnada hacia las afueras del parque nacional Hwange para ser cazado. Esto porque es ilegal cazar dentro de dicho parque.

La muerte de Cecil es sin duda devastadora. Pero conlleva un cuestionamiento más profundo: ¿estaríamos contando esta historia si se hubiese tratado de cualquier otro león? Aproximadamente 600 leones son asesinados anualmente en actividades de caza deportiva. En una declaración, el cazador de Cecil indicó:

"Lamento profundamente que mi participación en una actividad que adoro y que practico de manera legal y responsable haya tenido como resultado la desaparición de este león".



Este león. Si hubiese matado a cualquier otro león, o a cualquier otro animal, quizás nunca nos hubiésemos enterado de esta historia. Pero Cecil tenía un nombre. Tenía una personalidad. Era querido.

¿El hecho de tener un nombre hace la vida de un animal más valiosa? Todos los leones tienen un carácter único. Todos tienen seres queridos. Todos pueden tener cachorros, como Cecil. Pero sus muertes no saldrían en los titulares.

Querámoslo o no, una característica innegable del ser humano es que nos preocupamos más por quienes conocemos que por aquellos con quienes no tenemos mucha relación. Con Cecil nos damos cuenta de que de solo saber el nombre de un animal, ya nos sentimos conectados con él. Entendemos que él es un alguien

Pero, ¿y si fuésemos capaces de extender nuestra compasión hacia los animales que no conocemos?



¿Y si el cazador, al verse enfrentado a otro león desconocido en su próximo "paseo", reconociese que cuando se trata de valorar la propia vida, todos los leones son Cecil?

Nuestra tendencia a favorecer el bienestar de quienes conocemos por sobre el de aquellos que nos son extraños puede parecer normal. Pero cuando se trata de lo que es justo, la familiaridad puede transformarse en un imán que arruina nuestra brújula moral.

Si Cecil no hubiese sido famoso, ¿sus últimos minutos habrían sido más fáciles? Tal vez para nosotros, porque a veces la compasión duele. Pero no habrían sido más fáciles para Cecil, y ciertamente el hecho no habría dejado de  ser un gran error.

Si estamos de acuerdo con el punto anterior, ya eso sería argumento suficiente para terminar con la caza deportiva de todos los animales. Pero hay algo más. 

Lo cierto es que cerrar los ojos ante la maldad no le alivia el dolor a otros, solo nos protege de sentir nosotros ese dolor y además nos impide de detenerlo.
El mundo entero está indignado, y con razón, ante la muerte de Cecil. Todos concordaríamos en que su vida era más valiosa para él que el momento de placer que el cazador pudo haber sentido. ¿Cómo podríamos comparar esas dos cosas? 

Existe un sentimiento de indignación similar en algunas partes del mundo con respecto a comer perros. Ciertamente un momento de placer culinario no puede justificar la matanza de alguien como Lassie. Tal vez si ellos tuviesen la relación que nosotros tenemos con los perros, podrían entenderlo...

¿Qué pasa entonces con aquellos animales que no conocemos, aquellos que no tienen nombre? Si los llegásemos  a conocer, ¿nos perturbaría también la forma en que son tratados? 

En las áreas de India en las que las vacas son sagradas, las personas no logran concebir que en otras naciones seamos capaces de transformar estos animales de naturaleza tan gentil y curiosa en hamburguesas. 

También tenemos a los cerdos, que más comúnmente vemos en la sección de cecinas del supermercado, que pueden ser maravillosas mascotas. 

Si alguien ha tenido la fortuna de tener un cerdito como mascota, puede comprobar que estos animales son tan o más sociables que los perros. Muchas de las familias que han adoptado uno lo consideran parte de la familia, y terminan siendo incapaces de pensar en comérselos y rechazando la industria de la carne en su totalidad. Lógico, si los cerdos mueven la cola cuando están felices, reconocen y responden a su nombre y pueden ser muy cariñosos.

Las industrias que usan a los animales como productos saben que tendrían mucho que perder si nos dijeran que el individuo del que se hizo la salchicha en nuestro plato se llamaba Margarita, que era tímida e introvertida, pero que amaba profundamente a sus lechones. Los animales de la industria de la carne no tienen nombre. Son números. Pero no por eso dejan de ser individuos únicos.

Este león nos importa. La muerte de Cecil nos importa. No porque sepamos su nombre, sino porque la vida y la dignidad de cada individuo importa. 

Entonces ¿es posible lograr un mundo en el que extendamos nuestra compasión hacia todos los individuos, humanos y animales? Claro que sí. La compasión es como un músculo, entre más la ejercitamos más fuerte se pone. Y esa fortaleza puede modificar tradiciones, industrias y, más importante, vidas. 


Todos los días tomamos decisiones que inciden en el bienestar de individuos que no conocemos. Lo que compramos, la ropa que usamos y, sobre todo, lo que comemos. Para crear un mundo más gentil y amable, solo necesitamos tomar conciencia del poder que tienen nuestras elecciones diarias de transformar (y ojalá mejorar) la vida de los animales. 


Texto traducido de 
http://www.onegreenplanet.org/animalsandnature/what-cecil-the-lions-death-teaches-us-about-empathy/. Si estás de acuerdo, por favor comparte. 

20 jul. 2015

La más valiente de todas

Tengo una amiga que es la más valiente de todas. Ha sabido reconstruir su vida una y otra vez. Se fue a viajar sola por el mundo por casi un año. Ha tenido cincuenta trabajos distintos, todos entretes, todos extraordinarios, y en todos ha sido seca.

Tengo una amiga que es la más valiente de todas porque ama y perdona sin preguntas. Ríe y llora sin temores. Es como si el amor fuera el único camino que conoce. Como si el rencor se hubiera muerto hace años y el fantasma de él no quisiera siquiera acercarse a ella. Debe ser porque es la más valiente de todas.

Mi amiga, además de valentía, lleva en los hombros diez historias tristes, cien consejos calmos, mil tips de cocina, un millón de palabras suaves. Lleva una mochila pesada, pero sabe muy bien cómo llevarla. Es que parece que además es la más fuerte de todas.

Yo creo que ella es la más valiente de todas porque nunca está sola. Nos lleva a nosotras en las manos, a sus hermanos en el pecho, a su Simón en el alma, a su madre en la sonrisa. Nadie quiere alejarse de ella, y ella tampoco nos deja.

Tengo una amiga que es la más valiente de todas. Me gustaría tanto parecerme a ella.



10 jul. 2015

Nadie sabe

Nadie sabe de ti y de mí. De que somos un nosotros.

Nadie sabe de nuestro lenguaje secreto, de lo mucho que conversamos, o mejor dicho, de lo mucho que te converso yo. Que lo pasamos tan bien juntas, aunque seamos tan distintas, que hemos aprendido a querernos a pesar de nuestras distintas tradiciones, de nuestros idiomas diferentes, de nuestros gustos de comida tan opuestos.

Nadie sabe que muchas veces lloro al lado tuyo, porque sabes acompañarme en silencio, porque sabes decir nada mejor que todos los demás.

Nadie sabe que a veces es al revés: que me despierto yo en la noche y te escucho llorar, y se me estruja el corazón imaginando que estás sufriendo.

Nadie sabe lo mucho que me río por tu culpa; o que a veces me quedo mirándote y tu carita perfecta me hace acordarme de que existe Dios. Nadie sabe tu lugar favorito de la casa o la forma en que pones las manos cuando quieres dormir. Que te encanta mirar por la ventana y gritarle a los bichos que te vienen a molestar. Tu fascinación por el agua, la manera en que subes la escalera o el rincón que te gusta para jugar a la escondida. Nadie sabe todo eso. Tú no se lo cuentas a nadie.

Nadie sabe lo mucho que me quieres, lo mucho que me necesitas, lo mucho que me buscas. Solamente yo. Y a veces me creo la muerte por eso.

Nadie sabe de ti y de mí, solo tú y yo. Y a veces pareciera que ni tú sabes de ti. No, eso es mentira, eso es lo que la gente quiere creer. Que tú no te sabes y que por ende no me sabes a mí, pero sí. Tú nos sabes a las dos.

Cuando uno tiene una mascota, nadie más que ella y uno sabe lo que ella y uno son.


Janiamjoum!

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