27 abr. 2009

¡No pique!

Hay algunas personas que viven como los peces. Viven felices en el agua. En su transparencia eterna, en su honestidad bendita. A nadie molestan, sólo siguen el plan divino de nadar en vida, de nadar tranquilos.

Hay otra personas que viven con la caña de pescar en la mano, esperando que los peces piquen, para sacarlos de su agua dulce, para que les duela un poquito el cuerpo (qué doloroso ha de ser no poder respirar aunque sea por un par de segundos!) y luego simplemente devolverlos como si nada hubiera pasado. Es gente que detesta la claridad del agua, la inocencia del pez que nada, que no comprende el plan divino, que desearía esa alegría inerme. Es gente que no soporta la idea de ver que otros puedan disfrutar la vida simplemente porque es un regalo, y necesitan remecer el agua, para verse reflejada en ella (sentir aunque sea por un momento que también pueden formar parte de esa paz) y necesitan que al pez le duela, para que el dolor propio que acarrean con tristeza, amaine, o duela -al menos- parecido.

Pero picar no le sirve a nadie. Porque le duele al pez, y al que acarrea la caña, no se le arregla la vida, no se le amaina el dolor.

Así que si usted es un pez, ignore la temporada de pesca; no pique, por tentadora que se vea la carnada. Si usted es quien lleva la caña, déjela en casa, que pescar y devolver no le va a quitar el hambre.




(Esto se lo escribí a Lelel Silva, pero está dedicado a todo el mundo pez)


El Verdadero Perdón


Hoy día Diosito me mandó una señal super grande. Con mi prima, en verdad ayer. Me invitó a dejar de lado el odio (aunque sea mucho más fácil olvidarse del que se ama si se le odia), para comprender el dolor de un corazoncito que alguien alguna vez destruyó. Y aunque no hay justificación para que me hayan tratado como me trataron, hoy entiendo que eso viene sin intención. Que a él nadie le enseñó que habría alguien en el mundo que lo amaría por ser él y sólo él, que alguien lo necesitaría por ser él y sólo él. No un auto, no una invitación a comer, no una clase de matemáticas. Hoy entiendo que estar solo tanto tiempo lo ha hecho creer que la única manera de que alguien lo ame es haciendo que ese alguien se sienta inferior. Si él supiera que el amor es tan simple, y que somos tantas las que lo hemos amado no por eso, sino por todo lo demás. Por su sonrisa, por su alegría, su caballerosidad, su formalidad... por todo aquello que él trata de potenciar para ocultar ese dolor tan tan grande que lleva dentro, de sentir que nadie lo amará, que nadie lo necesita. Si él supiera que lo que me alejó de él fue precisamente lo que hacía para tratar de mantenerme cerca. Si alguna vez se hubiera dado cuenta de que yo era distinta, y que había llegado para quedarme, para amarlo, cuidarlo y caminar a su lado. Si hubiera dejado de lado la muralla una sola vez, una vez siquiera, pero de verdad... si no me hubiera culpado a mí de todo lo que de él mismo odiaba. Si los ataques hacia sí mismo no me los hubiera regalado a mí...
Sólo espero que Dios lo cuide porque yo ya me rendí. Y es que elegir entre mi felicidad y la de él ha sido lo más difícil que he tenido que hacer. Pero ya escogí.


6 de noviembre de 2004



23 abr. 2009

Cómo ser profesora y no morir en el intento #1

Con esto basta, se los juro:




Yupi!

Hoy día me desperté y puse todos los platos sucios en la máquina. Esperé que se lavaran, los guardé limpiecitos y puse los nuevos sucios. Cociné arroz y tortilla de atún. Limpié la cajita de las gatitas. Armé todo el computador antiguo porque el de mi mamá se le apaga, pobrecita. Ordené cada uno de los cables, limpié la pantalla, logré hacer que funcionara internet y wifi al mismo tiempo. Organicé mis cartolas antiguas y puse en una caja la ropa que ya no uso.

Llegó mi mamá a la casa y se enojó porque no hice la cama de la pieza de atrás del lavadero.


22 abr. 2009

the humanity

me da vergüenza formar parte de la misma galaxia que tú.

Janiamjoum!

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