22 jun. 2010

LIBROS | Siútico



La palabra "roto" es una bala, un cuchillo; a veces inocua, otras dañina. Su origen más probable está en los militares rotosos -harapientos, desharrapados- de la guerra de Arauco.

(...)


El roto rara vez se reconoce a sí mismo. Casi siempre el "roto" es el otro, y que el otro lo sea significa que hay una distancia insalvable, una distancia de origen de la que no hay retorno, y que abre las puertas a un aspecto importante del arsenal de palabras que tiene que ver con disparar a mansalva. "Mi familia dejó de ir a El Quisco porque se llenó de rotos", indica una profesional en la treintena, titulada en una universidad confesional, lo que con frecuencia comunica una supuesta cuna privilegiada. Lo dice al pasar, una acotación a la hora de almuerzo, como advirtiéndoles a los demás comensales que ni ella ni los suyos pueden compartir un mismo espacio con el gentío que invadió el balneario de su infancia. Con ello establece que hubo un pasado mejor para el balneario, un pretérito de exclusividad al que ella y su familia accedieron. Un pasado de alta alcurnia de El Quisco, del que el resto de los chilenos no nos enteramos. El disparo en ese caso es de fogueo, solo una señal. Errada, por cierto, y nadie se atreve a comentarla, porque en la mesa se instala un ambiente de tensión que es como la angustia que precede a la vergüenza ajena.

El ejercicio de "rotear" no tiene más objetivo que distanciarse, que crear la fantasía de que en algún momento ese balneario fue un lugar resguardado de una tribu a la que ni ella ni su familia pertenecían. Aquí surge una arista interesante. El roteo suele ser un arma entre aquellos que se sienten amenazados, bajo sospecha; aquellos que, estando en medio -el mediopelo-, buscan elevar su condición, al menos discursivamente. Quienes rotean saben que hay un algo que los sitúa demasiado cercanos al umbral en donde el respeto se pierde. Así que, antes de ser confundido con uno, mejor señalar a otros. La mujer dice: "Yo no soy una rota, estoy por encima de eso, soy mejor". Pero todo ese esfuerzo se desploma cuando se enfrenta a una máxima acuñada por el grupo al que quisiera pertenecer, y que sentencia que "rotear es de rotos".


Contardo, Óscar. (2009): Siútico: arribismo, abajismo y vida social en Chile. Santiago: Ediciones B, Grupo Zeta.

1 comentario:

la nari dijo...

"la angustia que precede a la vergüenza ajena." na má cierto.

Janiamjoum!

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