12 may. 2016

Colún: el horror del sur






Este comercial me indigna tanto. Me indigna porque es mentira, porque no es que esté levemente alejado de la realidad, sino que muestra el escenario precisamente contrario a la realidad. Me indigna porque no implica aumentar la saturación de la imagen para que la fruta se vea más bonita, atenuar las arrugas de una modelo con Photoshop para que una crema parezca más efectiva o hacernos llorar con la relación arreglada de un padre y un hijo para que nos den ganas de comprar un vino para brindar con la familia.

La leche no cae del cielo como la lluvia, no está en la atmósfera como el aire ni avanza naturalmente desde las montañas como los ríos. Para obtener leche se necesita inseminar a una vaca, que esté 9 meses preñada, que para un crío, que NO PUEDA alimentar a su propio crío, que siga con las ubres enchufadas a una máquina durante gran parte de su vida, que a su crío lo transformen en carne (es decir, que lo maten, para los que aún creen que los animales se transforman en carne de alguna forma mágica sin ser asesinados), y hacer esto una y otra vez durante toda su vida, no corriendo por el pasto, no haciendo el amorcito con un toro de vez en cuando. No. Forzada. Hasta que claro, ya no produzca tanta leche, y le llegue la hora, al igual que a sus hermanas y a sus hijos, de pasar por la pistola de "sacrificio". Con

Pero entiendo que disfrazar la realidad es la pega de la publicidad. Y que odio por igual todas las cajas de leche con imágenes de campos perfectos, empaques de queso con vacas sonrientes, o envases de yoghurt forradas con terneritos al lado de sus mamás. Lo que hace este comercial peor que los demás es que la gente lo ama.

Así es como REALMENTE se obtiene la leche:




























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Janiamjoum!

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