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20 feb 2020

Keseso


Yo te desespero
porque soy todo eso que tú no

Soy transparente, temeraria
no tengo miedo de andar con
el corazón
en
la
solapa

Porque me como mi orgullo como sandía en verano
y a ti el juguito te perturba
porque te ensucia el mantel

Yo te asqueo
porque te obligo a romper tus prejuicios

ver realities sin culpa
hablar como weona pero saber de política
amar la gramática
y el reggaetón
por igual

Tú me detestas
porque soy tu cámara
en modo selfie
sin filtro

y no te gusta lo que ves

Tú necesitas usar chalecobufandaparka
en el más cálido de mis veranos
mientras yo ando paseándome a poto pelado
en tu corazón alaskeño

Tú me echas la culpa
porque sabes que la recibo
-dribbleo
-la encesto
-nos anoto tr3s puntos
(pero tú querías perder)

Y me como todos tus insultos como buena tauro
te espero paciente cual cáncer
no me enojo como una linda libra

y tú
detestas a pedrito engel

Yo nunca te serví
porque siempre te quise todo el rato
sin parar
y eso cómo se entiende
si el amor es patético
y nadie debe confiar en nadie
y la intimidad es violencia
y el matrimonio es lo peor?

cómo se entiende
que alguien
que te desespera
te asquea
no te sirve

te quiera

keseso



23 nov 2019

Amigo de derecha

Amigo de derecha, cuando te toque salir a la calle en un gobierno de izquierda, y carabineros te viole, te saque los ojos o te asesine, yo no voy a poner en duda el trabajo del INDH ni los informes de AI o la ONU. Tampoco me voy a burlar de ti, ni voy a decir que te lo merecías. No voy a asumir que "algo habrás estado haciendo" ni voy a exigir ver los 7 segundos que le faltan al video donde un militar te da una patada en la cara cuando estás en el suelo, porque da lo mismo lo que hayas hecho, ningún delito tiene esa pena en este país.

Tampoco voy a comparar tu dolor con los saqueos, los incendios o la destrucción de bienes materiales. Tus ojos, tu cuerpo y tu vida son mucho más importantes que cualquier edificio o producto. Mis redes sociales estarán repletas de fotos de tu cara y no de los destrozos de la calle porque esos serán secundarios: no me puedo preocupar de todo y escogeré preocuparme de ti.

No voy a equiparar tu dolor al de la persona que se siente incómoda porque tuvo que bailar para pasar. No voy a asumir que te pagó Trump o Piñera o Bolsonaro para que salgas a la calle, porque, primero, no me gustan los teorías conspirativas y, segundo, no me creo intelectualmente superior a ti como para asumir que tú no tienes pensamiento propio.

No voy a invalidar tus motivaciones para salir a marchar, porque que yo tenga mis necesidades básicas suplidas no significa que tú también. Cuando el gobierno se ría en tu cara, te escupa en el suelo, te llame delincuente, te declare la guerra o te pida perdón pero vuelva otra vez a violentarte, yo no lo voy a defender. Cuando los ministros te digan que te levantes más temprano, que la salud en Chile es de calidad, cuando reconozcan que no tenían idea de la importancia del metro, cuando la tele solo se concentre en el vandalismo y no en la desigualdad de la que has sido víctima, yo me voy a indignar junto contigo.

Cuando vea que tus derechos más fundamentales estén siendo violados por quienes juraron protegerte, no me voy a poner a alegar porque tengo que hacer fila en el supermercado o me está costando andar en auto por las barricadas. Tu dignidad no se puede comparar con mi comodidad. No voy a decir que vayas a trabajar porque eres un flojo que no hace nada desde mi computador y la seguridad de mi hogar. No voy a apropiarme de tus emblemas ni de tus causas, deformándolas a versiones que me convengan. Buscaré las mías propias, porque la idea es luchar por algo, no luchar contra alguien.

Amigo de derecha, si pasan los años y no hay justicia para ti, no te voy a pedir que dejes el pasado atrás, cuando la injusticia ha teñido tu presente y tu futuro. No te voy a pedir que olvides a tu marido asesinado o que superes tu ceguera o que dejes de pensar en quien violentó tu cuerpo y tu alma y jamás pagó. Cuando tu cuerpo desaparezca, ahí voy a estar yo peleando para que nadie se olvide de tu nombre. Ojalá tú pudieras hacer lo mismo.





19 dic 2016

La Chipita y la gente linda

Hace poco más de un mes volvimos de EEUU con el Oski. Fue un viaje precioso, entretenido, estuvimos en la playa, en Disney, con amigos antiguos y generosos, con personas tristes y felices, compramos, comimos, vimos las elecciones con dolor de guata hasta las 3 de la mañana, anduvimos por carreteras desiertas planeando qué hacer si se nos aparecía una persona en la mitad de la noche en la mitad de la calle (atropellarla y huir era mi plan, yo creo que Óscar le quería clavar un cuchillo en el cerebro, pero nunca me enteré).
Yo cumplí mi sueño de ir a Whole Foods, él de manejar un Mustang. Nos quemamos poco, vitrineamos mucho. Nos hicimos reír mutuamente. Una de mis partes favoritas fue la de jugar a "Y ahora qué está haciendo la Chipi?". En el auto, todos los días, yo hacía la pregunta y Oscar respondía. "La Tufa se acaba de despertar, se está estirando y ahora va a seguir durmiendo", "Mmm, yo creo que Mario Yepes (uno de sus sobrenombres) está enojada porque vino José Gaturro (vecino non grato) a robarle su comida y ahora le hace ambuuuu-jjjjjjj", "La Pipa Estévez debe estar persiguiendo amigos imaginarios", "Yo creo que Luisa ha dormido todo el dia", "Mariana se está peinando para ir a carretear"... y así nos la pasábamos cagados de la risa todos los días imaginándonos en qué andaba la ridícula, con sus sobrenombres infinitos. Yo estaba tan feliz allá que en algún minuto me di cuenta de que la única alegría de volver estaba en poder tocarle su guatita suave. Quería volver para comprarle choritos. Hacer que me agarrara la mano con su manito nerviosa para que se pudiera comer el bendito chorito como si fuera la primera vez en meses que tomaba agua después de vivir en el desierto. Quería volver para instalarle una puertita en la logia para que pudiera entrar a la casa a cualquier hora cuando salía a carretear. Quería volver porque después de meses de adecuarse y aprender a conocerse, ella y Óscar finalmente se querían. Óscar la echaba de menos y llegaba ansioso a la casa a saludarla. Ella lo llamaba para comer y había aprendido a recibir cariño en la guatita gracias a él.
Y volvimos. Y no estaba.
La gente, linda siempre, decía que tuviera fe y paciencia, que iba a volver. Esperamos un día. Ella siempre salía, pero siempre volvía apenas yo la llamaba. Era raro. Pusimos carteles toda la tarde del domingo. El conserje del edificio de atrás nos dijo que la conocía perfecto, que siempre la veía tratando de cazar pajaritos. Nos reímos. "Las gatitas son un poco prostitutas, mijita, pero vuelven, no se preocupe" me dijo una vecina del mismo edificio. Nos fuimos más tranquilos. Esa noche lloré mucho menos.
En la mañana del lunes me despertó un llamado. Todos saben que duermo hasta tarde, era obvio que alguien se había aguachado a la Tufita Marina y me estaba llamando para avisarme. "Te llamo por el cartel. Y me da mucha pena decirte esto pero yo la vi el jueves, en una jardinera, le quise hacer cariño y me di cuenta de que estaba muertita. Tal vez la puedas encontrar todavía". Bajé medio dormida, medio en pijama, medio llorando. Revisé cada edificio, hablé con los niños que estacionan autos. Nadie sabía nada. La niña me escribió por whatsapp. "Hablé con mi pololo que se  acordaba del edificio, te mando la ubicación". Finalmente doy con el edificio. El conserje conversaba con un vecino y me hizo esperar mucho rato. Le dije que estaba buscando a una gatita, que me dijeron que la habían visto en este edificio muertita. Por lo menos voy a poder ver su guatita suave una última vez, enterrarla junto al Pío, al Melón, a la Chanchi y la Pipina.  "La boté a la basura, señorita".
Y fue mucho más gráfico que eso la verdad.
Y pasaron 3 semanas y yo no fui capaz de desarmar mi maleta. Creo que era una forma de negarme a aceptar que así había terminado ese viaje, y que mi Copuchita ya no estaba.
Todos me han llenado de cariño, amor y preocupación últimamente. Gente que tal vez nunca conoció a la Chipina más que por fotos. Gente que no me ha visto en años. Hasta gente que no me conoce en persona. Y estuve muy reacia a decir bien qué pasó porque era muy fome, pero quería que conocieran la historia para entender más mi pena; que para algunos parece tan irracional (qué pena lo es en todo caso) y para otros tan obvia; pero sobre todo para agradecerles a los que empatizan, justamente por esa empatía infinita, maravillosa y ese cariño que crea lazos con quienes usualmente no los tenemos. Gracias por los abrazos virtuales y amor real que nos demostraron al gatito y a mí. Y a los que me quieren regalar lápices para que le ponga más color, no tienen idea de lo que se pierden por no saber amar a un animal.
Y cada dia tengo mas claro que ningún animalito se merece terminar en la basura.
Gracias a todos 



19 ago 2015

You are not alone


Deep in that dark filthy cage,
Trembling in cold and fear,
Slammed against that metal truck,
Crammed with all your peers,
Walking in that narrow corridor,
With shouts behind the door,
Facing the bodies of your friends,
On the killing floor.

Even in these moments, 
We wanted you to know,
That we see you, we hear you, we feel you, we love you,
That you are not alone.

They took you from your family,
And stuck you in a testing place,
They snatched you from your mommy,
Before she touched your face,
They sent you to the circus ring,
To amuse the laughing crowds,
They stripped you off your hair and skin,
And threw you on the ground.

But even in these moments, 
We wanted you to know,
That we see you, we hear you, we feel you, we love you,
That you are not alone.

One day, on this ravaged Earth,
When blood and tears subside,
Everything will be so calm,
And green from side to side.
Animals like me and you,
Will share this place in peace,
And there will be no suffering,
Just joy and love and ease.

But until that day is here,
We’ll meet on the Rainbow Bridge,
Where there will be no difference, 
‘Tween man and cow and pig.
We’ll hug and kiss and play all day,
Just like children do,
And then we will apologize,
For what we did to you.

And even in these moments, 
We wanted you to know,
That we see you, we hear you, we feel you, we love you,
That you are not alone.
You’re not alone,
Even when you’re gone.


12 ago 2015

No te enamores de una persona curiosa

La moda de los "no te enamores de" es un poco apestosa. Pero este es bacán. Así que le damos espacio en este blog enojado y amoroso a lo más cliché de lo cliché, porque ser cliché a veces es cool.


No te enamores de una persona curiosa. Querrá saber quién eres, de dónde vienes, cómo es tu familia. Mirará todas tus fotografías y leerá todos tus poemas. Vendrá a cenar y hablar con tu madre acerca de cómo su curiosidad le ha enseñado cosas muy útiles. Te pedirá que explotes cuando estás enojado y que llores cuando estás herido. Te preguntará qué significa esa ceja levantada. Querrá saber tu comida favorita, tu color favorito, tu persona favorita. Te preguntará por qué. Va a comprar esa cámara que te gustó, prestará atención a esa banda que amas en caso de que haya un show cerca, te llevará ese suéter al que le sonreíste una vez. Aprenderá a cocinar tus comidas favoritas. Los curiosos no se conforman con el exterior, desean el interior. Ellos quieren lo que te hace pesado, lo que te hace sentir incómodo, lo que te hace gritar de alegría, ira, y de angustia. Su piel se convertirá en páginas en las que aprenderás a derramar tu ser. No te enamores de una persona curiosa. No dejará un suspiro sin explicación. Querrá saber qué hizo exactamente, qué hizo para que la amaras. Año, mes, día, semana “¿A qué hora fue? ¿Qué dije? ¿Qué hice? ¿Cómo te sentiste?“ No te enamores de una persona curiosa, porque he estado allí. Desabrochará tu camisa y leerá cada cicatriz, cada marca, cada curva. Explorará cada una de tus extremidades, cada órgano, cada pensamiento, cada ser.

— Fragmento, autor desconocido.




1 ago 2015

Lo que la muerte de Cecil puede enseñarnos sobre la empatía


La trágica muerte de uno de los leones más queridos de Zimbabue, Cecil, ha generado indignación a nivel mundial. Y con razón. Es muy difícil comprender por qué alguien querría matar a una criatura tan increíble. El dentista estadounidense que cazó a Cecil con arco y flecha habría pagado 55 mil dólares para obtener el permiso para matar un león. Lo registros indican que Cecil fue atraído con una carnada hacia las afueras del parque nacional Hwange para ser cazado. Esto porque es ilegal cazar dentro de dicho parque.

La muerte de Cecil es sin duda devastadora. Pero conlleva un cuestionamiento más profundo: ¿estaríamos contando esta historia si se hubiese tratado de cualquier otro león? Aproximadamente 600 leones son asesinados anualmente en actividades de caza deportiva. En una declaración, el cazador de Cecil indicó:

"Lamento profundamente que mi participación en una actividad que adoro y que practico de manera legal y responsable haya tenido como resultado la desaparición de este león".



Este león. Si hubiese matado a cualquier otro león, o a cualquier otro animal, quizás nunca nos hubiésemos enterado de esta historia. Pero Cecil tenía un nombre. Tenía una personalidad. Era querido.

¿El hecho de tener un nombre hace la vida de un animal más valiosa? Todos los leones tienen un carácter único. Todos tienen seres queridos. Todos pueden tener cachorros, como Cecil. Pero sus muertes no saldrían en los titulares.

Querámoslo o no, una característica innegable del ser humano es que nos preocupamos más por quienes conocemos que por aquellos con quienes no tenemos mucha relación. Con Cecil nos damos cuenta de que de solo saber el nombre de un animal, ya nos sentimos conectados con él. Entendemos que él es un alguien

Pero, ¿y si fuésemos capaces de extender nuestra compasión hacia los animales que no conocemos?



¿Y si el cazador, al verse enfrentado a otro león desconocido en su próximo "paseo", reconociese que cuando se trata de valorar la propia vida, todos los leones son Cecil?

Nuestra tendencia a favorecer el bienestar de quienes conocemos por sobre el de aquellos que nos son extraños puede parecer normal. Pero cuando se trata de lo que es justo, la familiaridad puede transformarse en un imán que arruina nuestra brújula moral.

Si Cecil no hubiese sido famoso, ¿sus últimos minutos habrían sido más fáciles? Tal vez para nosotros, porque a veces la compasión duele. Pero no habrían sido más fáciles para Cecil, y ciertamente el hecho no habría dejado de  ser un gran error.

Si estamos de acuerdo con el punto anterior, ya eso sería argumento suficiente para terminar con la caza deportiva de todos los animales. Pero hay algo más. 

Lo cierto es que cerrar los ojos ante la maldad no le alivia el dolor a otros, solo nos protege de sentir nosotros ese dolor y además nos impide de detenerlo.
El mundo entero está indignado, y con razón, ante la muerte de Cecil. Todos concordaríamos en que su vida era más valiosa para él que el momento de placer que el cazador pudo haber sentido. ¿Cómo podríamos comparar esas dos cosas? 

Existe un sentimiento de indignación similar en algunas partes del mundo con respecto a comer perros. Ciertamente un momento de placer culinario no puede justificar la matanza de alguien como Lassie. Tal vez si ellos tuviesen la relación que nosotros tenemos con los perros, podrían entenderlo...

¿Qué pasa entonces con aquellos animales que no conocemos, aquellos que no tienen nombre? Si los llegásemos  a conocer, ¿nos perturbaría también la forma en que son tratados? 

En las áreas de India en las que las vacas son sagradas, las personas no logran concebir que en otras naciones seamos capaces de transformar estos animales de naturaleza tan gentil y curiosa en hamburguesas. 

También tenemos a los cerdos, que más comúnmente vemos en la sección de cecinas del supermercado, que pueden ser maravillosas mascotas. 

Si alguien ha tenido la fortuna de tener un cerdito como mascota, puede comprobar que estos animales son tan o más sociables que los perros. Muchas de las familias que han adoptado uno lo consideran parte de la familia, y terminan siendo incapaces de pensar en comérselos y rechazando la industria de la carne en su totalidad. Lógico, si los cerdos mueven la cola cuando están felices, reconocen y responden a su nombre y pueden ser muy cariñosos.

Las industrias que usan a los animales como productos saben que tendrían mucho que perder si nos dijeran que el individuo del que se hizo la salchicha en nuestro plato se llamaba Margarita, que era tímida e introvertida, pero que amaba profundamente a sus lechones. Los animales de la industria de la carne no tienen nombre. Son números. Pero no por eso dejan de ser individuos únicos.

Este león nos importa. La muerte de Cecil nos importa. No porque sepamos su nombre, sino porque la vida y la dignidad de cada individuo importa. 

Entonces ¿es posible lograr un mundo en el que extendamos nuestra compasión hacia todos los individuos, humanos y animales? Claro que sí. La compasión es como un músculo, entre más la ejercitamos más fuerte se pone. Y esa fortaleza puede modificar tradiciones, industrias y, más importante, vidas. 


Todos los días tomamos decisiones que inciden en el bienestar de individuos que no conocemos. Lo que compramos, la ropa que usamos y, sobre todo, lo que comemos. Para crear un mundo más gentil y amable, solo necesitamos tomar conciencia del poder que tienen nuestras elecciones diarias de transformar (y ojalá mejorar) la vida de los animales. 


Texto traducido de 
http://www.onegreenplanet.org/animalsandnature/what-cecil-the-lions-death-teaches-us-about-empathy/. Si estás de acuerdo, por favor comparte. 

20 jul 2015

La más valiente de todas

Tengo una amiga que es la más valiente de todas. Ha sabido reconstruir su vida una y otra vez. Se fue a viajar sola por el mundo por casi un año. Ha tenido cincuenta trabajos distintos, todos entretes, todos extraordinarios, y en todos ha sido seca.

Tengo una amiga que es la más valiente de todas porque ama y perdona sin preguntas. Ríe y llora sin temores. Es como si el amor fuera el único camino que conoce. Como si el rencor se hubiera muerto hace años y el fantasma de él no quisiera siquiera acercarse a ella. Debe ser porque es la más valiente de todas.

Mi amiga, además de valentía, lleva en los hombros diez historias tristes, cien consejos calmos, mil tips de cocina, un millón de palabras suaves. Lleva una mochila pesada, pero sabe muy bien cómo llevarla. Es que parece que además es la más fuerte de todas.

Yo creo que ella es la más valiente de todas porque nunca está sola. Nos lleva a nosotras en las manos, a sus hermanos en el pecho, a su Simón en el alma, a su madre en la sonrisa. Nadie quiere alejarse de ella, y ella tampoco nos deja.

Tengo una amiga que es la más valiente de todas. Me gustaría tanto parecerme a ella.



10 jul 2015

Nadie sabe

Nadie sabe de ti y de mí. De que somos un nosotros.

Nadie sabe de nuestro lenguaje secreto, de lo mucho que conversamos, o mejor dicho, de lo mucho que te converso yo. Que lo pasamos tan bien juntas, aunque seamos tan distintas, que hemos aprendido a querernos a pesar de nuestras distintas tradiciones, de nuestros idiomas diferentes, de nuestros gustos de comida tan opuestos.

Nadie sabe que muchas veces lloro al lado tuyo, porque sabes acompañarme en silencio, porque sabes decir nada mejor que todos los demás.

Nadie sabe que a veces es al revés: que me despierto yo en la noche y te escucho llorar, y se me estruja el corazón imaginando que estás sufriendo.

Nadie sabe lo mucho que me río por tu culpa; o que a veces me quedo mirándote y tu carita perfecta me hace acordarme de que existe Dios. Nadie sabe tu lugar favorito de la casa o la forma en que pones las manos cuando quieres dormir. Que te encanta mirar por la ventana y gritarle a los bichos que te vienen a molestar. Tu fascinación por el agua, la manera en que subes la escalera o el rincón que te gusta para jugar a la escondida. Nadie sabe todo eso. Tú no se lo cuentas a nadie.

Nadie sabe lo mucho que me quieres, lo mucho que me necesitas, lo mucho que me buscas. Solamente yo. Y a veces me creo la muerte por eso.

Nadie sabe de ti y de mí, solo tú y yo. Y a veces pareciera que ni tú sabes de ti. No, eso es mentira, eso es lo que la gente quiere creer. Que tú no te sabes y que por ende no me sabes a mí, pero sí. Tú nos sabes a las dos.

Cuando uno tiene una mascota, nadie más que ella y uno sabe lo que ella y uno son.


Janiamjoum!